Pista de la montaña

Reflexión Verano 2018 – 19 de agosto

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Canción
111 Siempre (84)

1. Tu amor es devoto
Como el pacto entre los dos
Como anillo de boda
Como votos de amor
Tu amor permanece
Por la tempestad
Trae misericordia
Para cada despertar
Siempre has sido fiel
Y siempre lo serás
Tú no cambiarás
Y yo cantaré

CORO

//Mis labios siempre te alabarán, siempre te alabarán
Con canto siempre te alabarán, siempre te alabarán//

2. Al huérfano adoptas
Nos llenas con tu amor
Al débil levantas
Nos llenas de valor
Me haces más como tú
Me vistes del esplendor
De blanca pureza
A tú novia vistes hoy
Libre de dolor
Toda condenación
Conocida por quien es
Y Te cantaré

CORO

PUENTE
Y te alabarán, te alabarán
Todos a una voz te cantan
Santo, Digno Dios

CORO

Oración
Piensa en cosas para dar gracias a Dios y habla con él.

Lectura

Salmo 120
1 Cuando estoy angustiado, llamo al Señor
y él me responde.
2 Señor, líbrame de los labios mentirosos
y de la lengua embustera.
3 ¿Qué más puedes recibir, lengua embustera?
4 ¡Flechas puntiagudas de guerrero!
¡Ardientes brasas de retama!e
5 ¡Pobre de mí, que vivo como extranjero en Mésec,
que he acampado entre las tiendas de Quedar!
6 Demasiado he vivido entre los que odian la paz;
7 ¡cuando yo hablo de paz, ellos hablan de guerra!

El salmo 120 es el primer salmo de los salmos que los peregrinos viajando a Jerusalén cantaban en la subida a la ciudad. Jerusalén es una ciudad encima de una colina que está rodeada por montañas más altos. En el momento de acercarse a la cuidad y comenzar a subir, los peregrinos cantaban los salmos de 120 a 134. Cada salmo tiene un tema importante sobre la fe.

El primer salmo de la subida, salmo 120, nos anima a reconocer que vivimos en un mundo hostil a nuestra fe y, de verdad, podemos ser engañados a participar en su realidad que no reconoce a Dios. Es una llamada a reconocer que podemos desviarnos del camino de Dios y quedarnos con los que no le escuchan, es decir vivir en Mésec y Quedar en vez de morar en la cuidad de Dios.

Este salmo nos llama a confesar nuestros pecados.

Da tiempo para confesar ahora.

Lucas 6.17-26

Jesús bajó del cerro con ellos, y se detuvo en un llano. Se habían reunido allí muchos de sus seguidores y mucha gente de toda la región de Judea, y de Jerusalén y de la costa de Tiro y Sidón. Habían venido para oír a Jesús y para que los curase de sus enfermedades. 18 Los que sufrían a causa de espíritus impuros, también quedaban sanados. 19 Así que toda la gente quería tocar a Jesús, porque los sanaba a todos con el poder que de él salía.

20 Jesús miró a sus discípulos y les dijo:

“Dichosos vosotros los pobres espirituales, porque el reino de Dios os pertenece.
“Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis satisfechos.
“Dichosos los que ahora lloráis, porque después reiréis.
22 “Dichosos vosotros cuando la gente os odie, cuando os expulsen, cuando os insulten y cuando desprecien vuestro nombre como cosa mala, por causa del Hijo del hombre. 23 Alegraos mucho, llenaos de gozo en aquel día, porque recibiréis un gran premio en el cielo; pues también maltrataron así sus antepasados a los profetas.
24 “Pero ¡ay de vosotros los ricos, porque ya habéis tenido vuestra alegría!
25 “¡Ay de vosotros los que ahora estáis satisfechos, porque tendréis hambre!
“¡Ay de vosotros los que ahora reís, porque vais a llorar de tristeza!
26 “¡Ay de vosotros cuando todos os alaben, porque así hacían los antepasados de esta gente con los falsos profetas!

¿Ves las conexiones con el salmo 120?

Cuando leemos la Biblia es importante estar atento el contexto del lo que estamos leyendo. El contexto de los dichosos es el mundo derrotado con pobreza, enfermedades, gente perdido, pero la gracia de Dios puede cambiarlo. Es lo que Jesús hizo. Jesús no lo hizo porque la gente lo merecía, sino porque la gracia de Dios nos viene cuando reconozcamos nuestra pobreza espiritual, nuestro pecado, nuestra necesidad. Los pobres no son dichosos por ser pobre sino a pesar de ser pobres. Como salmo 120, ponernos en el camino hacia a Dios comienza por reconocer dónde estoy (fuera su paz), por reconocer que soy pobre de manera espiritual.

La confesión no me haca daño sino me libera. Confesar mi pecado es ser realista y tratar con ello. Por eso, Jesús anuncia la buena noticia. El paso es sencillo si podemos reconocer dónde estamos sin Dios. Y lo que nos experimenta es la respuesta de Dios que es la bendición. Dios quiere liberarnos para que seamos dichosos.

Da tiempo para reflexionar sobre la bendición que has recibido desde Dios por reconocer a él.

Oración
Deja tiempo para orar.

Usa el padre nuestro, no solo para repetir, sino para dar forma a tus oraciones. Cada frase puede iluminar ideas y ser expandida para lo que te llama la atención.

Padre nuestro que estás en los cielos,
santificado sea tu nombre,
venga tu reino,
hágase tu voluntad
en la tierra como en los cielos.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en tentación
y líbranos del mal.
Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria,
ahora y por siempre. Amén.

  • Alabanza (incluyendo el carácter de Dios)
  • El reino de Dios (incluyendo las actualidades del mundo de semana pasada)
  • Las necesidades de cada día (incluyendo la comida, la salud…)
  • El perdón
  • Las relaciones con los demás
  • Los Whatsapp de la iglesia

Canción
117 Sublime Gracia (Ya libre soy) (61)

Sublime Gracia del Señor,
que a un infeliz salvó
Fui ciego mas hoy veo yo,
perdido y El me halló

Su Gracia me enseñó a temer,
mis dudas ahuyentó
¡Oh! Cuán precioso fue a mi ser
cuando El me transformó

CORO
Ya libre soy, Dios me salvó
y mis cadenas ya El rompió,
y como un río fluye el perdón
Sublime Gracia, Inmenso amor

En los peligros o aflicción
que yo he tenido aquí
Su Gracia siempre me libró
y me guiará feliz

Y cuando en Sion por siglos mil,
brillante esté cual Sol
yo cantaré por siempre allí
Su Amor que me salvó

(Sion es otra manera de nombrar Jerusalén porque el monte dónde está Jerusalén se llama Sion, y en este context significa los cielos, o mejor, el reino de Dios. Estar en Sion significa estar en la presencia de Dios).